Son Brull, de convento a hotel de lujo

El estudio Forteza Aparicio Interiores se encargó hace unos años de la transformación de este edificio situado en la ladera de una montaña en Mallorca y de interés patrimonial por sus elementos del siglo XII, los cuales se han conservado y rehabilitado. De hecho, el proyecto mantiene el máximo de la edificación previa.

Sólo que ahora sus celdas y oratorios se han convertido en 23 habitaciones, piscina, spa y un restaurante llamado 365, en honor a la leyenda de que antiguamente el convento tenía 365 ventanas.

Ignacio Forteza, uno de los socios fundadores del estudio,  ha redistribuido las cuatro plantas del edificio (una de ellas, entresuelo) con un patio central que conecta con las zonas públicas: el hall de entrada, las oficinas, el restaurante, el bar y una sala de conferencias. Las habitaciones se sitúan en el entresuelo, la primera y la segunda planta.

De cara a crear un ambiente teatral, han combinado materiales nuevos con los ya existentes y otros nobles (como la madera de roble o hierro en su estado natural). El resultado son fuertes contrastes sin perder el equilibrio.

Por ejemplo, la fina lámina de pan de oro que recubre el techo del restaurante en comparación con las paredes de piedra y los arcos. O la pérgola de estructura de hierro y cañizo que comunica el bar y el restaurante al aire libre con el pavimento de canto rodado. Luego están los pasillos de moqueta negra y cambios de falso techo en pan de oro así como el acceso a las habitaciones, enmarcado por una gran plancha de hierro pintada en negro.

También destaca el mobiliario de teca con el mobiliario de obra y, en los baños, la combinación de madera de roble y encimeras lacadas en negro frente a las mamparas de butiral azul.

Al restaurante se accede desde el patio por una gran puerta de cristal que da a una antesala o zona de espera, cuya larga chimenea, de pared a pared, es la protagonista. Un grupo de butacas negras y lámparas de media luna doradas, las cuales parecen como si estuvieran flotando sobre el suelo, crean una atmósfera mágica.

Un mueble contenedor lacado negro conecta la antesala y el restaurante. Los bancos continuos de piel negra sirven para organizar la disposición de las mesas. Los focos iluminan puntualmente estsa últimas y largas cortinas semitransparentes separan el restaurante de la zona de buffet frío.

El bar está aparte, en una nave que antiguamente era una prensa de aceite. Con una planta rectangular diáfana y una cubierta a dos aguas, destacan los artilugios que utilizaban antiguamente para la fabricación del aceite. Un gran tronco de pino sobre una estructura de hierro sirve de barra. La zona de estar está compuesta por dos grupos de sofás y butacas junto a una larga chimenea.

Las habitaciones mantienen una atmósfera similar pero cada una es “un pequeño proyecto”, describe el estudio. Por ejemplo, los cabezales de las camas integran en algún caso el escritorio, en otros el escritorio forma parte de un mueble contenedor, en otros aparece exento.

Gran parte del mobiliario ha sido diseñado por el estudio y el resto son, en su mayoría, reediciones de los años 50 y 60. El proyecto ha contado con la colaboración del Centre Cultural Contemporani PelairesIniciativa ExteriorFrancisco Cumellas y Vinçon.

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